Vida saludable en el Año Nuevo

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Seis meses después de participar en un programa de cuatro semanas sobre alimentación saludable, un grupo de empleados del Lucile Packard Children’s Hospital Stanford todavía sigue el plan de comer más alimentos verdes, ejercitarse regularmente y evitar el plato de dulces en la oficina.

Un grupo de empleados del departamento de relaciones gubernamentales y comunitarias fue seleccionado para participar en el programa. La idea venía de un equipo del Programa pediátrico de control de peso del hospital que escribió la propuesta y recibió una subvención de 500 dólares del programa Employee HealthySteps to Wellness (Pasos saludables hacia el bienestar de los empleados) para crear las sesiones.

Las sesiones a la hora del almuerzo siguieron los mismos principios que se les enseñan a los padres y a los niños para ayudarles a cambiar sus hábitos de alimentación y ejercicio a largo plazo. Los ocho empleados aprendieron estrategias para evitar la comida chatarra, tener una dieta saludable y balanceada e incorporar el ejercicio a sus vidas cotidianas.

Cindy Zedeck, gerente del Programa pediátrico de control de peso de Stanford, dijo que primero se les entregaron diarios a los empleados y se les enseñaron los beneficios de mantener un registro de sus hábitos de alimentación.

“Una de las maneras más importantes de hacer cambios en tu estilo de vida es hacerse una idea general de dónde estás empezando y dar seguimiento al progreso”, comentó.

Los empleados siguieron una versión personalizada del “programa del semáforo”, que desglosa los alimentos en colores distintos. La luz roja incluye alimentos como postres, refrescos o refrigerios (alimentos que no son necesarios en la dieta pero que nos gusta consumir de vez en cuando). La luz amarilla incluye granos enteros, carnes magras y frutas, el grueso de nuestras dietas. La luz verde incluye las verduras que se pueden consumir sin límites.

“Clasificamos todos los alimentos en estos colores para ayudar a establecer objetivos”, dijo Zedeck. “Una vez que sabes cuántos altos comes, estableces tus objetivos alrededor de este tipo de alimentos”.

Zedeck dijo que los empleados aprendieron rápidamente que el hacer incluso cambios pequeños a su dieta y entorno cambiaban mucho las cosas. Por ejemplo, quitar el bote de dulces de las zonas de mayor tránsito hacía que fuera más difícil comérselos.

“Este programa hizo más que poner el bote de M&M en el anaquel trasero, también nos unió en una forma divertida como equipo en torno al interés común de ser más sanos”, comentó Felice Stonestrom, Gerente de relaciones comunitarias.

Melissa Burke, directora de relaciones comunitarias, dijo que fue enriquecedor ver a los empleados de su departamento motivados para mejorar sus hábitos de alimentación y ejercicio así como unirse a través de un esfuerzo compartido.

“Algunos empleados empezaron a caminar como grupo y a ir juntos al gimnasio”,

comentó Burke. “Después de que terminara el programa, una vez a la semana la gente se turnaba para traer una comida que hubieran preparado en casa para compartir con todos. En verdad mejoró la camaradería y se apoyaban mutuamente mientras trabajaban para mejorar su salud”.

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