Moderación, parte 2: las cosas buenas vienen en empaques pequeños

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En esta época del año, paso mucho tiempo intentando convencer a tres personitas de un simple hecho: lo más grande no siempre es lo mejor.  Desde la primera barra tamaño extra grande que llega a una bolsa del recorrido de dulces “afortunada”, hasta las “generosas” porciones de pavo, relleno del pavo y pay de calabaza que se sirven en los banquetes del Día de Acción de Gracias, tengo un objetivo principal de aprendizaje para mis hijos: el tamaño importa. Podemos disfrutar de absolutamente cualquier alimento, siempre y cuando se consuma con moderación. Un KitKat pequeño en Halloween después de una comida nutritiva y antes de lavarse bien los dientes está bien. ¿Un KitKat tamaño extra grande, devorado enfrente de la televisión con una Coca-cola y un paquete de Doritos? ¡Alerta, alerta!

Vivimos en un país en donde según parece las oportunidades son ilimitadas. Desde jóvenes, aprendemos que si lo podemos soñar, ¡lo podemos crear! Si ya existe, lo podemos hacer más grande, y ponerle más queso. No me malinterpreten: me encanta el espíritu de pensar en grande aquí en los Estados Unidos, pero algo que no hemos aprendido, cuando se trata de nuestros alimentos, es que menos en verdad sería más para la mayoría de los estadounidenses. Cuando comemos menores cantidades de alimentos de más alta calidad, maximizamos nuestro goce de uno de los grandes placeres de la vida: ¡comer!

Michael Pollan nos aconseja que “gastemos más y comamos menos” para que no terminemos tirando la casa por la ventana al comparar alimentos de mejor calidad y más caros. La verdad es que cuando comemos alimentos reales y frescos en cantidades moderadas (aunque estén cocinados con una porción de mantequilla y espolvoreados con sal) no toma mucho quedar completamente satisfechos. En cambio, cuando nos dejamos llevar por alimentos de mala calidad y bajos en nutrientes, nuestros cuerpos se sienten engañados, y lo peor es que ¡se sienten culpables por dejarse llevar! A continuación menciono algunos cambios pequeños que pueden ayudar a hacer que cada alimento se sienta como una indulgencia libre de culpa.

  1. El truco de la mitad: La siguiente vez que usted, o sus hijos, vean algo en la ventana de la panadería que parezca irresistible, adelante. Compre el croissant de chocolate, córtelo a la mitad antes de sentarse y guarde la otra mitad en una bolsa de papel para mañana. Escóndalo donde no se vea. Luego disfrute de su placer. ¡El truco de la mitad también es muy bueno para cuando se come en restaurantes!
  2. Siéntese. Cuando esté comiendo, siéntese en una mesa y asegúrese de que NO haya pantallas que lo distraigan. Luego concéntrese en el sabor de su comida al comer un poco más lento y tal vez pausar entre cada bocado. ¡De hecho sentirá que ha comido más de lo que ha comido!
  3. Compre platos y vasos más pequeños. Un plato pequeño hace que la comida se vea más abundante y es más probable que su estómago le diga que ya ha tenido suficiente después de la primera porción. Los investigadores de hecho han comprobado que comemos más cuando usamos platos más grandes. ¡La misma regla aplica a los vasos! (Muchas ferreterías tienen platos muy asequibles y robustos que son más pequeños que los gourmet en tiendas de marca.)

Se debería disfrutar la comida todos los días en cada alimento. Al darle a nuestros hijos el don de la moderación, siempre recordarán que las cosas buenas vienen en empaques más pequeños.

La Dra. Maya Adam enseña salud y nutrición infantiles en la Universidad de Stanford y opera Just Cook for Kids, una organización benéfica exenta de impuestos federales (501c3) que ayuda a padres a cambiar la manera de comer de su familia, reemplazando los alimentos procesados por comidas frescas y sencillas hechas en casa. Es la instructora principal del curso en línea Nutrición y alimentación infantiles de Stanford, que se ofrece en Coursera. Su publicaciónmás reciente en Vidas más sanas y felices, ofrece más consejos sobre cómo disfrutar de comida saludable durante las fiestas.

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