Moderación, parte 1: deje que se coman el pastel (pero no demasiado)

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Conforme se acerca la temporada de las fiestas, mi emoción a veces se mezcla con un poco de incertidumbre. Halloween, Diwali, el Día de Acción de Gracias, Hanukah y Navidad: no importa cuál de estas fiestas celebre, normalmente implican comer mucho y un flujo infinito de dulces. Para nuestra familia, con su conjunto inusual de raíces indias, alemanas, judías y surafricanas, esta temporada parece estar particularmente fuera de control porque celebramos todas estas fiestas, una tras otra. Y si no tenemos cuidado, fácilmente podemos terminar sufriendo de un caso grave de choque de azúcar.

A pesar de nuestra tradición extrañamente colorida, no creo que seamos los únicos. Escucho a padres a mi alrededor hablar de sus estrategias para “sobrevivir” la temporada de las fiestas. La práctica común de cambiar dinero o pequeños juguetes por el exceso de dulces de las fiestas puede sin duda limitar el consumo de calorías vacías de nuestros hijos. Pero puede haber incluso una mejor manera de proteger su salud (¡y la nuestra!). Cuando les enseñamos a nuestros hijos a practicar la moderación, les damos una herramienta de supervivencia muy potente. Si crecen entendiendo que no hay alimentos prohibidos, siempre y cuando la cantidad que consuman sea razonable, los liberamos para que en verdad disfruten de las fiestas, ¡con todo y dulces!  En un país en donde el exceso es lo normal, enseñarle a nuestros hijos a comer de manera moderada en realidad puede terminar salvándoles la vida.

Aquí hay algunos consejos prácticos para lograr este objetivo aparentemente alto:

  1. El poder de la alternativa saludable. Tener alternativas deliciosas (más saludables) a la mano la mayoría de las veces facilita elegir mejores opciones. Las verduras crujientes con salsas o aderezos, frutas frescas o secas y nueces.
  2. Las acciones valen más que mil palabras. Cuando los niños ven que sus padres pueden disfrutar algo dulce en ocasiones —y luego parar— aprenden una gran lección: menos es más. Algo dulce, que se disfruta sin culpa porque es la cantidad correcta, es un verdadero lujo. Después de todo, ¡para eso se hicieron las cosas dulces!
  3. Elija lo hecho en casa.Los dulces hechos en casa son los mejores, por mucho. Cuando hacemos nuestros propios pasteles, galletas y otras cosas ricas, la moderación está incluida. Primero, los ingredientes que utilizamos casi siempre van a ser más nutritivos (y frescos) que los artículos empacados. Y a diferencia de los fabricantes de los alimentos empacados, a nosotros nos importa la salud de la gente que se va a comer esos alimentos, así que nos moderamos con la grasa, el azúcar y la sal. Finalmente, hornear desde cero toma tiempo y esfuerzo. Este hecho limita el efecto que regula de forma natural la frecuencia de nuestras indulgencias.

Las fiestas deberían ser épocas felices y el compartir alimentos deliciosos con las personas que amamos es gran parte de esa felicidad. Nuestro tiempo con amigos y familia es demasiado valioso para preocuparse por el pastel de frutas. La verdad es que podemos disfrutar de la temporada de las fiestas, con sus deliciosos alimentos reconfortantes, si disfrutamos de todo con moderación.

La Dra. Maya Adam enseña salud y nutrición infantiles en la Universidad de Stanford y opera Just Cook for Kids, una organización benéfica exenta de impuestos federales (501c3) que ayuda a padres a cambiar la manera de comer de su familia, remplazando los alimentos procesados por comidas frescas y sencillas hechas en casa. Es la instructora principal del curso en línea Nutrición y alimentación infantiles de Stanford, que se ofrece en Coursera. Esté atento a su siguiente publicación en Vidas más sanas y felices, que le dará más recomendaciones sobre la forma en que los niños y las familias pueden aprender a moderarse en la mesa del comedor.

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