Le presentamos a nuestra artista ganadora

Fue un mes antes de cumplir 14 años, el estómago de Taylor Simpson no estaba bien. Bailarina, artista y bromista empedernida, la alegre adolescente de Watsonville imaginó que simplemente le había dado influenza. Pero cuando empezó a vomitar sangre, su madre, Lori, la llevó rápidamente a la sala de urgencias. Ese día, Taylor llegó en ambulancia al Lucile Packard Children’s Hospital, en donde la diagnosticaron con una enfermedad autoinmune poco común llamada síndrome de Goodpasture y la ingresaron para tratamiento. Su vida dio un giro que ella nunca esperó.

Eso fue hace trece meses. Ya que el síndrome Goodpasture está en guerra con sus riñones, Taylor ahora va de tres a cuatro veces por semana a Packard Children’s para recibir diálisis. Como muchos pacientes regulares de Packard Children’s, ella aprendió que aquí no solo se da atención médica. Su distracción más reciente ha sido ganar el primer Concurso de arte de las fiestas con su representación de un hombre de nieve algo elegante sonriendo en un día de invierno.

“Nuestra especialista de Child Life siempre trae actividades divertidas como arte, algo para cocinar o algún proyecto. Una semana nos contó de este concurso. Siempre me ha gustado dibujar, así que dije por supuesto ¡y terminé ganando!”, comentó. Con una de sus risas contagiosas agrega que es “algo perfeccionista”.

El diagnóstico de Taylor le dio un giro a su vida, pero hace lo mejor que puede para encontrar una nueva normalidad entre los cambios. Va a la escuela tanto como puede. Dibuja y pinta. Y son pocos los días que no tiene algún chiste nuevo para el mundo, comenta Lori. (Prueba A, dicha con aplomo: “¿Qué hace drácula arriba de un tractor? Sembrando pánico”.) Recientemente Taylor agregó “entrenadora de perros” a su currículum; Romeo, un cachorro yorkie que recibió gracias a la Make-a-Wish Foundation, la acompaña en las largas caminatas al hospital.

Con el transcurso de los meses, Taylor ha desarrollado relaciones valiosas con todos los que la han cuidado, desde sus nefrólogos, incluidos el Dr. Orly Haskin y el Dr. Scott Sutherland, sus reumatólogos, entre ellos la Dra. Nina Washington, sus neumólogos, las enfermeras y el personal de diálisis, e incluso los voluntarios de la terapia con mascotas. “Todos han sido amorosos y atentos”, comenta Lori, “y Taylor de verdad tiene una conexión especial con sus doctores”.

“Ahí no me ven solo como una paciente”, comenta Taylor. “Se preocupan por mí. No esperaba que el hospital fuera así”, comenta. “Mi reumatóloga, por ejemplo, se acordará de algo que le dije hace como seis meses. De verdad a todos les importo”.

Taylor está esperando un trasplante de riñón esta primavera. Su madre, Lori, ha estado mejorando su condición física y se enterará pronto si es una donante compatible con su hija. Mientras tanto, el sentido del humor de Taylor las ayuda a mantener el optimismo y parece haber generado una positividad generosa, a pesar de su juventud.

“Al principio estaba nerviosa y asustada y lo negaba. Pero tan pronto como me acostumbré, pasaba a personas en el pasillo y me daba cuenta de que había llegado a conocerlas”, comenta. “No me gusta estar enferma, pero me da gusto haber tenido la oportunidad de conocer a esta gente y me da gusto estar en buenas manos”.

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