Efecto mundial: un estudio de Stanford/Packard revela que el entrenamiento de defensa personal a niñas kenianas reduce las violaciones

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Las violaciones son terriblemente comunes en Nairobi, Kenia, en donde hasta una de cada cuatro adolescentes es violada al año. Pero un breve curso de defensa personal puede reducir drásticamente la vulnerabilidad de las niñas a la agresión sexual, según un estudio nuevo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, Lucile Packard Children’s Hospital Stanford y una organización llamada No Means No Worldwide.

“El entrenamiento de defensa personal enseñó a estas jóvenes a erguirse y decir ‘no’ con confianza y las empoderó para escalar su propia defensa a un nivel más alto, si fuese necesario”, comentó el Dr. Neville Golden, autor sénior del estudio nuevo, que ya está disponible en el sitio web del Journal of Adolescent Health. “Hasta donde sabemos, este es el primer estudio que demuestra que un curso de auto empoderamiento / defensa personal puede reducir la incidencia de violaciones en adolescentes”, agregó Golden, profesor de pediatría de Stanford y jefe de la división de medicina del adolescente de Packard Children’s.

El estudio observó a 402 niñas que participaron en un programa de defensa personal desarrollado por una organización no gubernamental con sede en Kenia, No Means No Worldwide, que les enseñó técnicas de defensa personal verbales y físicas y les dio información sobre cómo conseguir ayuda en caso de ser agredidas. El programa, que se realizó en preparatorias, fue diseñado para combatir una cultura en la que hablar sobre la agresión sexual es un tabú.

En los 10 meses después de haber recibido el entrenamiento de defensa personal, más de la mitad de esas niñas informó haber utilizado lo que aprendió para repeler a los posibles agresores. La proporción de las que fueron violadas bajó del 24.6 por ciento el año anterior al entrenamiento al 9.2 por ciento en los 10 meses posteriores al mismo.

“Hay un código estricto de silencio entre víctimas de violaciones en Kenia, especialmente con el estigma del VIH y el SIDA”, comentó el Dr. Jake Sinclair, autor principal del estudio nuevo y pediatra del John Muir Medical Center en Walnut Creek, Calif. “Normalmente, nadie va a admitir que la violaron. Lo normal es culpar a la víctima”. Sinclair y su esposa, Lee, son los cofundadores de No Means No Worldwide y han desarrollado programas de estudios para distintos públicos en Kenia, inclusive programas de defensa personal para niñas y mujeres y programas educativos para ayudar a los niños a reconocer el daño que provoca la agresión sexual.

Los objetos de estudio fueron 522 alumnas de preparatoria, entre 14 y 21 años de edad, en dos tugurios empobrecidos de Nairobi: 402 recibieron 12 horas de entrenamiento de defensa personal en seis semanas, así como cursos de actualización de dos horas en intervalos de tres, seis y 10 meses; 120 en un grupo de comparación recibieron una clase de una hora de capacidades para la vida que es la norma nacional actual en Kenia. Antes y 10 meses después del entrenamiento, ambos grupos respondieron cuestionarios anónimos sobre sus experiencias recientes de violación.

Al inicio del estudio, casi un cuarto de las niñas informó que habían sido forzadas a tener relaciones el año anterior; el 90 por ciento de las víctimas conocía a sus agresores. El estudio se centró en violaciones y no evaluó el rango completo de comportamientos clasificados como agresión sexual según las leyes estadounidenses.

Entre las niñas que recibieron el entrenamiento de defensa personal, el 56.4 por ciento utilizó las habilidades que aprendió para repeler a los agresores en los 10 meses posteriores. De estas niñas, la mitad solo utilizó habilidades verbales, un tercio empezó con habilidades verbales y agregó habilidades físicas, y el 17 por ciento solo utilizó habilidades físicas. No solo se ha reducido bruscamente el total de agresiones, sino que las agresiones efectuadas por dos de los grupos más comunes de agresores se redujo de manera importante. Después de recibir entrenamiento, las niñas que fueron violadas fueron más propensas a buscar ayuda después de la agresión.

En cambio, entre las niñas que tomaron clases de capacidades para la vida, la proporción de las que fueron víctimas de violaciones se mantuvo prácticamente igual.

“Nos sorprendió bastante que la defensa personal hubiera sido tan efectiva”, comentó Sinclair. “De los testimonios que obtuvimos, vimos que incluso una niña pequeña podía inutilizar a un agresor y huir, una y otra vez”.

Las clases de defensa personal, que entrenaron y emplearon a mujeres kenianas locales como instructoras, también fueron rentables: dar el entrenamiento costó $1.75 dólares por alumna, mientras que la atención inmediata después de una violación en Kenia cuesta $86 dólares, una cantidad que no representa los costos a largo plazo como nuevas infecciones de VIH ni embarazos no deseados.

No Means No Worldwide ahora esta poniendo a prueba la eficacia de su plan de estudios para niños, que se centra en enseñarles a no cometer agresiones sexuales. También están trabajando para difundir más ampliamente el plan de estudios de defensa personal.

“A menudo, la gente se centra en que las mujeres son víctimas”, comentó la Dra. Cynthia Kapphahn, profesora clínica asociada de pediatría en Stanford y especialista en medicina del adolescente en Packard Children’s, quien también es autora del estudio. “Este trabajo demuestra que también es importante centrarse en ellas como seres empoderados; ese enfoque puede desempeñar un papel importante en la capacidad de una mujer de protegerse”.

Este estudio fue financiado por Ujamaa-Africa, una organización no gubernamental que promueve la salud, la seguridad personal y el empoderamiento económico de mujeres y niños vulnerables.

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