Una cirugía bariátrica proporciona a hermanos de San Jose una nueva oportunidad en la vida

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Gracias a la dedicación, el trabajo duro y un equipo médico con experiencia, Michelle, de 17 años, y Miguel, de 15 años, los hermanos Rangel de San Jose, miran hacia un futuro más brillante y a un pronóstico médico bastante mejorado. En los últimos 21 meses, con el apoyo de su familia y del programa de Cirugía bariátrica en adolescentes del Lucile Packard Children’s Hospital Stanford y Stanford Children’s Health, los hermanos han bajado un total combinado de 200 lbs.

“Ha sido una transformación que les ha cambiado la vida”, dijo la Dra. Sophia Yen, especialista en medicina del adolescente. “Saludo a Michelle y a Miguel por estar tan motivados, y por tener una familia tan extremadamente comprensiva”.

El trayecto hacia sus cirugías para bajar de peso el pasado noviembre y diciembre de hecho empezaron un año antes, en noviembre del 2013, cuando la familia decidió asistir a una reunión grupal en la Clínica pediátrica del peso de Stanford Children’s Health. Michelle pesaba 365 lbs. y Miguel pesaba 385.

“Habían tenido sobrepeso desde que eran pequeños”, dijo su mamá Teresa Rangel. “Habíamos intentado todo”.

Lo más aterrador eran las complicaciones médicas y las comorbilidades relacionadas con la obesidad que habían empezado a afectar los años adolescentes de los niños, como desequilibrios hormonales, apnea del sueño, dolor de rodillas, y prediabetes.

Como muchos pacientes que consideran la cirugía bariátrica, pasaron por un período de evaluación. Este incluyó un programa de modificación del estilo de vida de seis meses, durante el cual los pacientes fueron sometidos a una serie de evaluaciones y entrenamientos. Desde fisiólogos hasta nutriólogos, el equipo de atención de la Clínica pediátrica del peso garantizaba que los hermanos tuvieran la dedicación necesaria para ser exitosos. No tuvieron éxito con ningún otro medio para bajar de peso, así que la opción de la cirugía bariátrica estaba sobre la mesa. Rangel dejó la decisión final a sus niños, ya que sabía que lo que importaba era su compromiso.

“Los niños estaban un poco asustados, pero sabían que era su única oportunidad de tener una vida mejor”, dijo Rangel.

Parte del proceso para garantizar el éxito de los adolescentes era reunirse de manera regular con Bryan Lian, dietista registrado, parte del equipo de atención bariátrica que aprobó que Michelle y Miguel fueran sometidos al procedimiento.

Es un equipo con experiencia importante. En el 2004, Lucile Packard Children’s Hospital Stanford se convirtió en el primer hospital en California que ofrecía cirugía bariátrica a adolescentes.

“Tomamos todo en cuenta; su actitud y entendimiento sobre nutrición, la forma en que se ve su ambiente de alimentos, y los desafíos sociales de rechazar alimentos”, dijo Lian. “Preparar a estos jóvenes con las realidades francas de este proceso es esencial para prepararlos para el éxito, y Miguel y Michelle de verdad reconocieron su progreso”.

Aun así, no es un camino de rosas. Antes de la cirugía, los hermanos Rangel bajaron una cantidad importante de peso a través de la

dieta modelo MyPlate y de un régimen de ejercicio. La reducción de peso inicial previa a la cirugía tardó seis meses, durante los cuales Michelle bajó 30 lbs. y Miguel 45. Olvídense de cualquier concepto erróneo de comer lo que quisieran antes o después de la cirugía. La dieta durante este tiempo implica un curso restrictivo de 8 a 10 semanas antes de que puedan volver a comer alimentos “normales”, que incluye una dieta líquida durante un mes después de la cirugía, seguida de dos a tres semanas de alimentos blandos.

La inactividad física fue más sencilla que las limitaciones de la dieta. Cada uno estuvo en recuperación en casa solo aproximadamente una semana después de sus respectivas cirugías, dirigidas por el Dr. Matias Bruzoni. Luego, estaban “ansiosos de volver a la escuela”, según mamá.

Seis meses después de la cirugía, la mayoría de los pacientes tienen un promedio de reducción de peso de 20 a 50 lbs. Michelle y Miguel encabezaban esa curva, ya que cada uno había bajado casi 50 lbs. Hoy, esas 50 se han convertido en más de 100 lbs.

“Michelle y Miguel están completamente dedicados a su salud”, dijo Yen, quien notó que nunca han faltado a una cita clínica. Incluso se despiertan a las 5 a. m. para hacer ejercicio con un amigo de la familia que los entrena, “parte de un espíritu renovado”, dijo mamá.

Miguel ahora ve la oportunidad de ir a la universidad y ganarse una beca por jugar deportes. Antes de la cirugía, esto nunca fue una consideración. Ahora ambos disfrutan de estar afuera. Michelle habla de entrar a una escuela de cosmetología, y le atribuye a la cirugía el que le ha ayudado a sentirse más cómoda sobre lo que le depara el futuro. Para una madre, eso no tiene precio.

Las preocupaciones de salud relacionadas con la obesidad han disipado junto con la reducción de peso, y Yen espera que sus salud y calidad de vida sigan mejorando. Ahora, al haber empezado un nuevo año escolar, Miguel ha entrado al programa de fútbol americano en la James Lick High School en San Jose, aunque le emociona más la temporada de fútbol.

Para Teresa, es un alivio saber que sus hijos están en un mejor lugar. “Puedo ver en sus caras que están más cómodos con quienes son”, dijo Teresa, “y se puede ver que les gusta sentirse y estar sanos”.

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