Por qué una enfermedad crónica daña el desarrollo óseo de los niños y qué hacer al respecto

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“Alguna vez alguien me dijo que escucharme hablar es como tomar de una manguera contra incendios”, me dijo la Dra. Mary Leonard al final de nuestra entrevista de 45 minutos. Yo tuve la reacción opuesta: después de salir de su consultorio en el Hospital de Stanford, estaba tan sedienta que crucé la calle, compré una botella de agua y me la tomé toda.

Leonard, una profesora de pediatría y medicina, tiene un sentido de urgencia por una razón: está intentando asegurarse de que los niños con enfermedades crónicas desarrollen tanto hueso como sea posible antes de que terminen la pubertad. Una vez que se cierra esa puerta es demasiado tarde para hacer algo al respecto, creen ella y sus investigadores. Y la consecuencia más probable de emerger de la adolescencia con una masa ósea inadecuada es la osteoporosis temprana.

“Los niños con enfermedad renal se están fracturando, incluso como niños que son, más de lo que uno esperaría”, dijo Leonard. “Los niños con artritis se están fracturando más de lo que uno esperaría”. Lo mismo aquellos con cardiopatías congénitas, trasplantes de órganos o de médula ósea, enfermedad inflamatoria intestinal, parálisis cerebral, distrofia muscular, o un historial de cáncer. Los culpables: inflamación, inmobilidad, desnutrición, retraso en el crecimiento, tratamiento con esteroides o una combinación de los mismos.

El trabajo de Leonard coincide perfectamente con la edición más reciente de Stanford Medicine que se trata de cómo las experiencias tempranas pueden tener consecuencias de gran alcance para nuestra salud. Como lo comenta en mi historia sobre su programa de investigación:

Creemos que una vez que uno pasa por la pubertad, uno ya no recupera ese hueso. Creo que hemos descrito el problema una y otra vez y ahora necesitamos realizar los ensayos clínicos para ver lo que podemos hacer para mejorar la salud ósea de esos pacientes. Solo queremos asegurarnos de que lleguen a adultos con el mejor y más fuerte esqueleto posible, con huesos que duren toda una vida.

Leonard tiene varias ideas de lo que podría ayudar: intervenciones de ejercicios, medicamentos, tratamientos más agresivos de la afección subyacente a edades más tempranas, y equipo de imagenología de vanguardia con el cual evaluarlos. “Estamos en la cúspide”, me dijo emocionada, “de dejar de describir lo mismo una y otra vez y de hecho lograr algo”.

Vía Scope

Foto de Sebastian Kaulitzki/Shutterstock

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