Los hombres cohete y su asombrosa invención

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Es un aparato que salió directo de Viaje a las estrellas (Star Trek): un analizador de aliento que algún día de manera rápida y no invasiva detectará todo, desde la diabetes hasta el cáncer.

En una nueva historia de la revista de Stanford Medicine, usted puede leer sobre cómo tres expertos en combustión de cohetes, Christopher Strand, Victor Miller y Mitchell Spearrin, diseñaron y probaron un dispositivo parecido al alcoholímetro (Breathalyzer) para medir los niveles tóxicos de amoniaco en niños gravemente enfermos, todo en aproximadamente un año.

Las pruebas del aliento con la nariz humana se han utilizado en la medicina desde tiempos antiguos. (El olor a manzana podrida de la acetona es un signo de diabetes. Un olor a pescado indica enfermedad hepática.) Los hombres cohete de esta historia reconocieron la oportunidad de desarrollar un dispositivo médico que podría convertir este arte en una ciencia.

Supusieron que la tecnología que utilizaban en las pruebas de cohetes, espectroscopia de absorción por láser, sería lo suficientemente sensible para tomar medidas de compuestos mínimos en el aliento. Así como los ingenieros pueden utilizar estos datos para saber si el motor de un cohete está operando de manera eficiente, podrían saber si el motor bioquímico de un ser humano está operando en un rango saludable. El mentor del proyecto, el Dr. Gregory Enns,  un genetista bioquímico que diagnostica y trata enfermedades metabólicas en el Lucile Packard Children’s Hospital Stanford, ayudó al equipo a ponerse al día sobre los trastornos metabólicos y a eliminar las barreras burocráticas a las pruebas clínicas.

Lo que verdaderamente me inspiró de esta historia fue el optimismo inagotable del equipo de ingeniería. Los hombres cohete eligieron la molécula más difícil de medir (el amoníaco), una enfermedad provocada por un defecto genético poco común con poco potencial comercial (la hiperamoniaquemia), y una población de pacientes difícil de analizar (los bebés). Durante el proceso de desarrollo, demostraron la misma fortaleza mental que el ingeniero abandonado en Marte, Mark Watney, en la película “Marte“; conforme cada desafío técnico insuperable surgía, hicieron lo que Watney hizo “aplicarle tanta ciencia como fuera posible”.

Vía Scope
Foto de Misha Gravenor

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