La luz del sol resuelve un problema de salud que ponía en peligro la vida de un recién nacido, con un poco de ayuda de los expertos de Stanford

Jaundice greenhouse

Cuando la pediatra, la Dra. Tina Slusher, inició a atender a recién nacidos en Nigeria en 1989, vio dos grandes amenazas a la salud de los bebés: ictericia y tétanos graves.

“Pensé, ‘El tétanos desaparecerá con las vacunas, pero nadie parece entender el problema de la ictericia”, me dijo recientemente Slusher, una experta en pediatría mundial de la Universidad de Minnesota. En los países en vías de desarrollo, más de 150 000 bebés al año mueren de graves daños cerebrales por la ictericia, o sufren de lo mismo. “Siguen sin recibir tratamiento”, dice Slusher.

Pero ahora, gracias a Slusher y a sus colegas, esto va a cambiar. Ella es la autora principal de un documento científico en la New England Journal of Medicine que evaluó un método económico de baja tecnología para tratar la ictericia con radiación solar filtrada. La tecnología fue concebida y desarrollada en Stanford, por un equipo dirigido por el experto en ictericia el Dr. David Stevenson.

La ictericia de recién nacidos es provocada por un retraso después del nacimiento en el desarrollo de la habilidad del bebé para metabolizar compuestos liberados en la descomposición de eritrocitos. En los Estados Unidos y en otros países desarrollados, la mayoría de los casos se tratan con fototerapia. Pero poner a un bebé bajo una lámpara que emite luz azul no es viable en lugares donde no hay electricidad constante. Los miembros del equipo, que también incluyen a doctores e investigadores del Massey Street Children’s Hospita en Lagos, Nigeria, se preguntaban si en vez de esto podrían utilizar radiación solar filtrada.

De nuestro comunicado de prensa sobre el estudio nuevo:

Algunas madres y bebés se sentaban bajo toldos externos que filtraban la longitud de onda dañina de la radiación solar, pero que permitían que la longitud de onda azul que trata la ictericia llegara a la piel del bebé. El tratamiento de la radiación solar filtrada fue igual de efectivo y seguro que las lámparas de luz azul que se utilizan de manera tradicional para tratar la ictericia del lactante.

“Esta investigación tiene el potencial de un impacto mundial”, dijo el autor principal del estudio, el Dr. David Stevenson, profesor de pediatría de Harold K. Faber y decano asociado principal de salud materna e infantil en Stanford. “Todos los bebés pueden tener ictericia. En contextos en los que no hay acceso a dispositivos modernos, hemos demostrado que podemos utilizar algo que esté disponible en todo el planeta, la radiación solar, para tratar esta afección peligrosa”. Stevenson también dirige el Centro Johnson para servicios de embarazo y recién nacidos en el Lucile Packard Children’s Hospital Stanford.

Hay unos antecedentes interesantes estilo MacGyver para este trabajo. Antes de construir los todos para filtrar la radiación solar, el investigador de Stanford, el Dr. Hendrik Vreman, doctorado, se subió al techo del edificio del campus para probar la capacidad de bloqueo de rayos ultravioleta e infrarrojos de filtros de plástico disponibles de manera comercial bajo el sol radiante de California. En el laboratorio, utilizó una lámpara de calor, de las que a veces se encuentran en los techos de los baños, para verificar si los filtros bloqueaban los rayos infrarrojos, que podían hacer que los bebés se sobrecalentaran. Al final seleccionó dos filtros, uno para utilizar en condiciones de cielo nublado y uno para días soleados, y ambos dejan pasar la luz azul que trata la ictericia. Luego descubrió cómo incorporar los filtros en los toldos bajo los cuales se podían sentar las mamás y los bebés, e hizo casi toda la construcción inicial en su propio patio.

Los siguientes pasos, dijo Slusher, son probar la técnica en bebés con ictericia más grave, y lanzar una campaña de salud pública que ayudará a las madres primerizas y a otros cuidadores a reconocer la ictericia a tiempo para tratarla. Vreman también ha presentado juegos de invernadero disponibles de manera comercial que incorporan los filtros, para que también se puedan beneficiar los bebés en ubicaciones lluviosas y ventosas.

“Nos emociona poder utilizar nuestro entendimiento de la biología de la ictericia y adaptar el tratamiento al contexto local de un país en desarrollo, así como a los recursos que ahí existen”, dijo Stevenson.

Vía Scope
Foto de Hendrik Vreman

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